Nacional
Desde Diciembre, Seguridad Ha Abatido a 33 Presuntos Delincuentes en Distintos Operativos
Del 1 de diciembre de 2024 al 7 de enero de 2025 los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad pública, tanto estatales como federales, contra presuntos grupos del crímen organizado dejaron un saldo de 33 presuntos criminales muertos y nueve policías estatales asesinados en México.
En una revisión que hizo, desde el 1 de diciembre pasado fueron al menos nueve enfrentamientos en seis entidades diferentes, según datos de las fiscalías locales y de las Secretarías de Seguridad estatales.
Para David Saucedo, especialista en temas de seguridad, el incremento en las bajas de grupos criminales corresponde a un cambio en la estrategia de “abrazos y no balazos” con la que el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
“Hay un incremento de las bajas, porque hay un viraje por parte del gobierno federal. Durante el sexenio anterior sí estaba vigente en muchas regiones del país la estrategia conocida popularmente como abrazos y no balazos, que consistía en términos simples y llanos, en que el Gobierno Federal replegaba a sus fuerzas de seguridad, el Ejército, Marina y Guardia Nacional, para no entrar en combate en varias regiones del país”, dijo en entrevista con este diario.
“Pero esto no se generalizó. Había algunas zonas en donde sí había una confrontación directa entre las fuerzas de seguridad y los cárteles de la droga, pero a raíz de la entrada del nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum con Omar García Harfuch como secretario de Seguridad, ya las Fuerzas Federales tienen instrucciones de avanzar líneas y entrar al combate con distintos grupos de crimen organizado”, añadió.
En Guanajuato es donde más presuntos criminales fueron abatidos en enfrentamientos el último mes. El más reciente caso ocurrió el pasado 6 de enero en la comunidad Buenavista, en el municipio de Yuriria, según lo dio a conocer la Secretaría de Seguridad Pública del estado.
La primera información de la Secretaría señaló que fueron ocho presuntos agresores abatidos durante el enfrentamiento, pero en un segundo comunicado la dependencia agregó que la cifra de muertos subió a 10.
“Como resultado del operativo, tres policías estatales resultaron con lesiones que no ponen en riesgo su vida. En tanto, ocho presuntos agresores perdieron la vida tras un uso legítimo y proporcional de la fuerza, en estricto apego a los protocolos establecidos y con respeto a los derechos humanos”, informó la Secretaría de Seguridad Pública de Guanajuato en un comunicado.
La primera información de la Secretaría señaló que fueron ocho presuntos agresores abatidos durante el enfrentamiento, pero en un segundo comunicado la dependencia agregó que la cifra de muertos subió a 10
Las entidades donde hubo enfrentamientos fueron Guanajuato (con dos), Colima, Michoacán, Sonora y Sinaloa.
Del lado de los policías, el enfrentamiento más letal ocurrió el 16 de diciembre, cuando en el municipio de Uriangato, Guanajuato, cerca del límite con Michoacán, cuatro elementos de las Fuerzas de Seguridad Pública del estado fueron asesinados y otros dos resultaron heridos luego de una emboscada. Ahí no se reportaron civiles muertos ni heridos.
“Pareciera que el gobierno federal está tomando determinaciones poco a poco, identificando cuáles son los estados del país en donde va a incrementar este nivel de letalidad con el objeto de erosionar la capacidad de fuego de los cárteles de la droga. Entonces, hasta el momento tampoco el gobierno federal ha sido transparente para informar en qué regiones se está aplicando esta estrategia y en qué regiones tiene todavía una actitud pasiva”.
“En primer término, hay algunas regiones del país que tienen ya un descenso en los niveles de aprobación de Morena, algunos gobernadores que tienen una situación ya en encuestas que se les complica. Ya el gobierno federal está tomando cartas en el asunto, es decir, ser pasivos frente a la inseguridad, ya le está cobrando factura a Morena y por eso ya empiezan a combatir a los grupos de narcotráfico generadores de violencia. (…) Pero también se debe a las presiones de Washington, ya con Donald Trump en la Casa Blanca seguramente va a lanzar directrices para tratar de disminuir los envíos de drogas hacia los Estados Unidos”.
Nacional
La sombra de Maru Campos sobre la fiscalización: su Auditor enfrenta investigaciones federales
- La mandataria sostiene la reelección de Héctor Acosta Félix mientras organismos federales analizan irregularidades en auditorías forenses.
La gobernadora Maru Campos ha respaldado de manera decidida la permanencia de Héctor Acosta Félix al frente de la Auditoría Superior del Estado, incluso cuando la FGR y la ASF revisan presuntas irregularidades en auditorías elaboradas durante su gestión. Esta postura ha generado críticas sobre el grado de influencia política que el Ejecutivo ejerce sobre el órgano fiscalizador.
La auditoría forense a la deuda estatal de 2019 se ha convertido en el eje de las investigaciones federales. Según analistas, el informe omitió documentos relevantes y se basó en interpretaciones sin sustento documental. Esta falta de rigurosidad ha encendido alarmas entre especialistas en fiscalización pública.
Además, se cuestiona que la auditoría estatal haya intervenido en la revisión de recursos federales, facultad exclusiva de la ASF. Esta posible invasión de competencias podría derivar en un conflicto jurídico mayor si se confirma que el procedimiento vulneró la Constitución.
Aun ante estos señalamientos, Campos ha insistido en defender la continuidad del auditor, lo que ha generado inquietud entre organizaciones civiles y sectores políticos. La insistencia en sostenerlo ha sido interpretada como un intento de preservar control sobre el órgano fiscalizador.
El avance de las investigaciones federales determinará el impacto real de estas irregularidades. Si se confirman, el gobierno estatal enfrentaría un cuestionamiento decisivo sobre su compromiso con la transparencia y el respeto al marco legal.
Justicia
Abelardo “El Bayo” Valenzuela: el enemigo silencioso de la autonomía judicial
El mismo fiscal que exige independencia a nivel nacional actúa en Chihuahua como operador político del poder que lo nombró.
El discurso anticorrupción de Abelardo Valenzuela: mucho ruido y ninguna justicia
El fiscal anticorrupción de Chihuahua, Abelardo Valenzuela Holguín, se ha convertido en un personaje recurrente de los foros nacionales sobre transparencia. Habla de autonomía, de rendición de cuentas, de “cerrarle la puerta a la impunidad”. Pero en los hechos, su nombre representa todo lo contrario: una Fiscalía convertida en escaparate político, con convenios para la foto, investigaciones congeladas y una justicia que solo funciona cuando conviene al poder.
Desde su llegada en 2022, su gestión ha sido cuestionada por la falta de resultados concretos y por presuntas afinidades partidistas. Su nombramiento, promovido por acuerdos entre grupos políticos, fue visto más como un pago de favores que como una apuesta por la independencia institucional. ¿Cómo puede un fiscal anticorrupción ser autónomo si depende de los mismos a quienes debería investigar?
Convenios, discursos y cero resultados
Cada aparición pública de Valenzuela es un acto de comunicación política cuidadosamente producido. Firma convenios, da conferencias, sonríe ante las cámaras. Pero detrás de esa fachada institucional no hay resultados visibles. No existen estadísticas transparentes, ni auditorías públicas, ni investigaciones de alto impacto resueltas.
Los grandes casos de corrupción estatal —los desvíos millonarios del pasado reciente— siguen en la impunidad. Mientras tanto, el fiscal presume “avances” mediáticos, como si un tuit o una fotografía sustituyeran a una sentencia firme.
En julio de 2025, durante la Cumbre Nacional de Fiscales Anticorrupción, Valenzuela se atrevió a decir que “en México ya no hay espacio para la impunidad”. La frase sonó bien en titulares. Pero en Chihuahua, la impunidad tiene oficina, horario y presupuesto… dentro de su propia fiscalía.
El espejo roto de la transparencia
Valenzuela ha hecho de la palabra transparencia un eslogan vacío. No existen portales de datos abiertos ni informes públicos detallados sobre las investigaciones en curso. Lo que sí hay es opacidad, discrecionalidad y silencio. Los ciudadanos no saben cuántos casos se investigan, cuántos se cierran o cuántos se archivan sin explicación. La fiscalía que debería rendir cuentas ni siquiera rinde las suyas propias.
El problema no es que Abelardo Valenzuela hable de combatir la corrupción: el problema es que nadie le cree. Su discurso perdió legitimidad porque la realidad lo contradice todos los días. Cada palabra sobre autonomía suena falsa en una oficina donde la línea política decide a quién se persigue y a quién se protege.
Abelardo Valenzuela “El Bayo” se presenta como el guardián de la honestidad, pero actúa como el fiscal que protege la corrupción. En su mandato, la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua se convirtió en una institución domesticada: dócil ante el poder, muda ante la verdad e incapaz de demostrar resultados.
Mientras siga repitiendo las mismas frases vacías —autonomía, transparencia, rendición de cuentas— sin entregar justicia real, Valenzuela seguirá siendo el símbolo del fracaso institucional en Chihuahua. Un fiscal que habla de ética, pero opera en la penumbra.
Justicia
Arturo Zayún, símbolo del sindicalismo que paraliza al Monte de Piedad, según empleados
Trabajadores acusan al dirigente de manipular la huelga para mantener sus privilegios al interior del sindicato.
El conflicto en el Nacional Monte de Piedad expone las viejas prácticas del sindicalismo corporativo mexicano en la figura del dirigente Arturo Zayún, quien se aferra a privilegios y mecanismos de control que durante décadas impidieron la competencia democrática y bloquearon la libertad sindical dentro de la institución.
Consultados sobre su postura respecto al conflicto laboral del Monte, trabajadores afiliados al Sindicato Independiente dijeron no estar de acuerdo con la huelga y rechazaron su apoyo al paro que los ha puesto en indefensión y dificultad económica por la terquedad de quien negocia con la estabilidad de la base laboral.
Cabe recordar que hasta hace pocos años, el sindicato tradicional y la administración funcionaban como una sola entidad, bajo un acuerdo tácito en el que la institución otorgaba todo lo que el gremio pedía a cambio de estabilidad. Ese esquema, caracterizado por la falta de transparencia, mantuvo el monopolio sindical y excluyó sistemáticamente a quienes intentaban organizarse de forma independiente, negándoles acceso a recursos, permisos y oportunidades laborales.
Fue hasta 2018 cuando la creación del Sindicato Independiente de Trabajadores del Nacional Monte de Piedad rompió con esa dinámica, aunque enfrentó represalias inmediatas. A los trabajadores afiliados al nuevo sindicato se les negaban vacantes, tiempo extra y derechos básicos. Esa discriminación derivó en un conflicto legal de seis años, que concluyó con el reconocimiento del Sindicato Independiente como organización minoritaria con plenos derechos laborales.
El sindicato tradicional también controlaba procesos internos clave, como la asignación de vacantes, operando bajo criterios de favoritismo y afinidad personal. Este tipo de prácticas ilegales y arbitrarias permitieron durante años colocar a personas cercanas a la dirigencia, consolidando una red de poder político al interior del Monte de Piedad, en detrimento del mérito, la capacidad y la profesionalización que exige una institución moderna.
La actual huelga no defiende los intereses reales de los trabajadores, sino los del liderazgo sindical. Muchos empleados han sido confundidos y manipulados con el discurso de que luchan por recuperar derechos perdidos, cuando en realidad el conflicto gira en torno a la intención del sindicato tradicional de retomar privilegios que ya no tienen cabida en el marco laboral vigente.
El movimiento ha derivado en un daño profundo: miles de trabajadores permanecen sin actividad, los usuarios carecen de acceso a los servicios de la institución y una entidad con vocación filantrópica se encuentra paralizada por las ambiciones personales de un liderazgo sindical que se resiste a perder el control.
Lejos de representar una causa justa, esta huelga refleja una lucha de poder que ignora el bienestar de los trabajadores y pone en riesgo la estabilidad de una de las instituciones más emblemáticas del país.
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